Motorola pisa fuerte: el regreso triunfal del formato plegable y la reinvención de la gama media
Había una atmósfera extraña, una mezcla de escepticismo y nostalgia, cuando nos acercamos a conocer las nuevas propuestas de Motorola. Después de todo, la marca definió una época entera con aquellos teléfonos de tapa que se cerraban con un golpe seco y vivían en los bolsillos de todos, mucho antes de que los rectángulos de cristal dominaran el mundo. Por años, parecía que ese legado se quedaría guardado en la década de los 2000. Pero hoy, la compañía demuestra que está lista para recuperar su identidad, atacando dos frentes clave del mercado actual: el segmento de los plegables premium y la siempre competitiva gama media.
Razr 40 Ultra: la nostalgia se vuelve moderna
El nuevo Motorola Razr Fold, conocido en muchos mercados como Razr 40 Ultra, se siente como una verdadera declaración de intenciones más que un simple truco para llamar la atención. Hay una pausa casi inevitable cuando lo tomas por primera vez, ya que abrir un teléfono de tapa sigue siendo memoria muscular pura. Y al hacerlo, con ese suave clic mecánico bajo las luces del estudio, el equipo luce sorprendentemente contemporáneo.
Lo primero que roba miradas es su enorme pantalla exterior AMOLED de 3.6 pulgadas. Cuando el dispositivo está cerrado, este panel cubre casi todo el frente, abrazando los lentes de la cámara con cierta rebeldía visual. A diferencia de otros equipos donde esta pantalla es solo una pequeña ventanilla de notificaciones, Motorola la trata como un segundo celular en toda la extensión de la palabra. Ahí mismo puedes responder mensajes, abrir aplicaciones o hasta ver un video. Resulta que puedes navegar un buen rato sin tener que abrir el teléfono por completo, algo que cambia la dinámica de uso diario. Claro, la practicidad tiene sus límites. Abrir Instagram en este espacio exterior se siente algo apretado, casi como intentar meter una conversación larga en un pasillo angosto, pero la idea no deja de ser brillante.
Al desplegarlo, nos recibe un panel principal AMOLED de 6.9 pulgadas con una tasa de refresco bastante fluida de 165 Hz. La famosa arruga en el centro, ese detalle inevitable de los teléfonos plegables, es bastante sutil. Se siente un poco al pasar el dedo por el medio, pero a menos que la luz pegue en el ángulo incorrecto, prácticamente desaparece a la vista. Es difícil ignorar lo mucho que ha avanzado esta tecnología en un par de años. La bisagra es silenciosa y controlada. El teléfono cierra por completo sin esos huecos incómodos de las primeras generaciones, y esta misma mecánica permite usar el celular medio abierto sobre la mesa. Funciona casi como una laptop miniatura, lo cual resulta bastante útil para tomar fotos, convirtiendo al equipo en su propio trípode para evitar malabares en las fotos grupales.
Debajo del chasis, encontramos un procesador Qualcomm Snapdragon 8+ Gen 1, acompañado de 8 GB de RAM y 256 GB de almacenamiento. En el papel, algunos dirán que los chips insignia más recientes ya le llevan una generación de ventaja a este modelo, lo que levanta algunas dudas sobre su longevidad frente a la competencia. Sin embargo, en el uso cotidiano para navegar, cambiar de apps o ver contenido, el Razr rara vez se siente lento. El sistema de cámaras cumple su función. El sensor principal de 12 MP captura imágenes brillantes y detalladas cuando hay buena luz, respaldado por un gran angular de 13 MP que, aunque decente, es claramente secundario. A veces al sistema le cuesta un poco enfocar el movimiento rápido, requiriendo un par de intentos para capturar a un perro corriendo, por ejemplo. Todo esto se alimenta de una batería de 3,800 mAh con carga rápida de 30W, corriendo sobre Android 13, con un precio de salida que ronda los 999 dólares.
Edge 40 Neo: diseño impecable y potencia accesible
Mientras el Razr apunta a los reflectores y a la nostalgia, el Motorola Edge 40 Neo llega para conquistar la gama media. Lo hace siendo el hermano menor de su familia, pero con especificaciones que coquetean de cerca con los equipos más caros. Lo primero que la marca ha querido resaltar en este modelo es su cuidado diseño. Motorola colaboró estrechamente con Pantone, la máxima autoridad global en color, para ofrecer tonos distintos a los que solemos ver en el mercado, disponibles en acabados de plástico mate o un muy atractivo cuero vegano en colores negro, verde y azul. Es un equipo de proporciones alargadas, rozando los 160 mm de alto, pero bastante ligero en la mano.
La pantalla pOLED de 6.55 pulgadas no escatima en calidad. Ofrece resolución Full HD+, reducción de luz azul, un brillo pico de 1,300 nits y una tasa de refresco de 144 Hz, características que garantizan una experiencia visual de primer nivel. Para darle vida, optaron por un MediaTek Dimensity 7030, un procesador de ocho núcleos muy capaz. Lo que realmente sorprende en este rango de precio es que viene respaldado por la cifra nada despreciable de 12 GB de memoria RAM LPDDR4X y 256 GB de almacenamiento interno.
El apartado fotográfico está liderado por una cámara trasera de 50 MP con estabilización óptica, acompañada de un lente ultra gran angular de 13 MP, misma resolución que encontramos en la cámara frontal. Su batería de 5,000 mAh asegura una excelente autonomía y cuenta con soporte para carga rápida TurboCharge de 68W. En una época donde muchos fabricantes intentan ahorrar recortando funciones básicas, se agradece muchísimo que el Edge 40 Neo mantenga detalles premium como el doble altavoz estéreo firmado por Dolby Atmos, resistencia al agua IP68, lector de huellas bajo la pantalla, conectividad 5G y WiFi 6E.
Ambos dispositivos demuestran que Motorola entiende a la perfección el peso cultural de sus equipos. Ya sea con los materiales premium del Razr que evocan el estatus de principios de siglo, o con las sólidas prestaciones y estética cuidada del Edge 40 Neo, la compañía está armando un catálogo que combina el diseño con especificaciones técnicas que no dejan a nadie indiferente.









