Quitamanchas AMLO o Fab | El periodista


Cuenta que entre los siglos VII y VIII a.C., Midas vivió en Anatolia, región de la actual Turquía, un personaje mítico al que los dioses le otorgaron el poder de transformar en oro todo lo que tocara. En el siglo I dC, Juan el Bautista limpió a los discípulos con las aguas del Jordán. Pues ahora hay en México un ser predestinado que enriquece, purifica y exonera de culpa y responsabilidad a todos los que se unen a su causa, convirtiendo en palomas blancas a verdaderas aves picudas. ¿Ejemplos? son muchos: por no hablar de los apóstoles de Bartlett, los secretos de la corrupción; Laida Sansores, si su padre renaciera, volvería a morir; Bejarano, el señor de las ligas; Tatiana Clouthier, cinismo político; Delfina Gómez (¿dónde estás Vasconcelos?); los hermanos e hijos del héroe, Pío, Andrés y José Ramón; Alejandro Esquer y Denis Zaharula, reyes de la cometa y, ¿qué hay de Napoleón Gómez Urrutia?, alumno fracasado de don Fidel Velázquez. La lista podría ser interminable si le añadimos los saltamontes que, sin vergüenza ni pudor, se cambian de noche con más frecuencia que de ropa interior.

Lo anterior viene a cuento porque en la historia del Presidente que, con el pretexto de informar al público, se apropia de los horarios oficiales y adquiere espacios en los medios, a través de los cuales difunde, un día a otro, la propaganda política de su régimen, condenando a los que no piensan como él. López Obrador, lejos de crear las condiciones para la solución de los grandes problemas nacionales, actúa como un disruptor social y en su rol de magistrado supremo ataca a sectores muy importantes de la sociedad, ya sean ricos, aspirantes o conservadores, y con la misma indiferencia, con su la palabra sola purifica a los criminales en flagrante delito.

El principio fundamental de todo sistema administrativo es la delegación de funciones. No hay una banda de hombres. “Puedes conquistar el mundo a caballo, pero no puedes gobernarlo” (Genghis Khan). El presidente no debe ser un dador de favores, un juez permisivo con sus partidarios incondicionales, ni comportarse como un terrateniente irresponsable que derrocha recursos públicos en regalos o donaciones discrecionales.

Gobernar requiere calma para la reflexión, información privilegiada, valentía personal y humildad para consultar las decisiones con los mejores profesionales, con el fin de ganar confianza. También requiere trabajo duro con funcionarios clave para definir e implementar políticas apropiadas en el tiempo y el espacio. Vivimos el mundo al revés: no es posible diseñar, dirigir, operar, supervisar, controlar y corregir las posibles desviaciones de un aparato administrativo tan grande, volando todos los días a los cuatro puntos cardinales del país. Debe gobernar para todos, apoyándose en los más capaces, no en los que sólo escuchan la voz del amo. La lealtad es a la patria, no a quien no comprende el honor que representa la presidencia de la República.

Los sujetos

  • AMLO
  • Gobierno de México
  • Bartlett

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Timoteo Sevilla

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