La tecnología militar china y rusa todavía está muy lejos de los EE. UU.

El presidente chino, Xi Jinping, recibe a su homólogo ruso, Vladimir Putin, con honores militares en Beijing. † EFE

Una mirada al mapa de las bases militares estadounidenses en Asia basta para confirmar que China está sitiada. Eso explica por qué su presupuesto militar se ha disparado. Pero no para aumentar el número de sus tropas, que cada vez es menor, sino para mejorar su tecnología bélica. Cazas como el J-20, misiles hipersónicos y los primeros portaaviones han surgido de ese esfuerzo.

“Tras el ‘siglo de la humillación’, China quiere recuperar el lugar que le corresponde. Ya no es un imitador tecnológico para innovar”, afirma Jesús A. Nuñez, codirector del IECAH, pero añade que está lejos de contagiarse. Por supuesto, Afganistán ha demostrado que Washington ha “perdido credibilidad como garante de la seguridad”, razón por la cual los taiwaneses temen una posible invasión china. “China está dando grandes pasos en el espacio porque podría destruir muchas capacidades enemigas allí”, dice. Núñez.

Rusia se está quedando cada vez más rezagada, pero tiene un arsenal nuclear muy superior. “Se habló mucho de la guerra híbrida, pero al final vimos que lo convencional sigue importando”, explica Núñez, quien ve a Occidente adoptar una estrategia “para que Putin se quede atascado en Ucrania y evite que se expanda más”.

Si bien el analista condena inequívocamente la invasión, también critica el doble rasero de Occidente: “Criticamos a Rusia por denunciar la expansión de la OTAN, pero ¿qué haría Estados Unidos si Putin llegara a un acuerdo de seguridad con México?”.

Sarita Fallas

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